Y no podemos negar que en el trayecto hemos sufrido sinsabores, pero cuando estás trabajando en cualquiera de nuestras fincas, levantas la vista y ves ese mar cantábrico, a veces tan bravo y gris y otras tan calmado y azul verdoso, solo en ese momento sabes que tu sueño, tu locura, ha merecido la pena. nuestro vino de mar, hecho realidad.
